Por Adriana Derosa

Acá nomás, cerquita, en esta misma ciudad hay un grupo que se dedica a la investigación en el milenario arte del teatro de sombras. Y si digo investigar digo averiguar, buscar, no conformarse con el primer producto, y hasta reproducir la realización de títeres de sombras articulados que responden a técnicas antiquísimas. Se trata de Poiesis, este proyecto llevado adelante por Lucila Aberastain Oro y Luisina Placenti, que pone en escena el espectáculo “Cosas de dragones”, versión del libro Dragones, del escritor argentino Gustavo Roldán.

Precisamente Roldán fue quien en su autobiografía dijo: “aspiro a escribir textos donde la cantidad de años que tenga el lector no sea más que un accidente, como el verano o la lluvia o el frío”. Y en eso pensaba cuando asistía a esta función: mi edad era -en ese instante- absolutamente irrelevante. Por la fascinación, por el encanto. Porque las narradoras de este texto ilustrado con títeres de sombras me iban a llevar de la mano por un universo a la vez onírico y ancestral, y a mi lado habría otros viajeros de tres años, tan extasiados como yo. Porque eso es lo que logran.

El ritmo de esa narración recupera la morosidad de la voz humana, da tiempo a pensar y a que nadie se quede atrás en esta construcción de un universo ficcional maravilloso, y aparta por un ratito a chicos y padres de la vertiginosidad del mundo contemporáneo. Narrar lleva un tiempo, y eso es lo que nos recuerdan los cuentos.

Una enorme meticulosidad en la construcción, una estética delicada, y una técnica oportunamente aprovechada, ya que más allá de que el teatro de sombras utilice el principio de luz y pantalla, Poiesis da nueva vida a los antiguos aparatos retroproyectores que se utilizaban para reproducir imágenes de libros sobre la pared, y este artilugio permite realizar nuevos trucos para mostrar agua u otros objetos, en toda su dimensión y color.

No dejen pasar la experiencia y lleven sus niños cercanos al próximo encuentro con las “Cosas de dragones”. Al fin y al cabo se trata de seres muy sensibles (los dragones) que no pueden estar mucho tiempo sin recibir las visitas de los pequeños espectadores, que abren los ojos como soles cuando los ven aparecer. Hay que hacerlo.