El jueves se reencontraron y se mostraron sonrientes. Ante su entorno, la gobernadora reconoce la bronca por el duro ajuste.
Ella llegó minutos antes que él. Se sentaron juntos. Hubo chistes y felicitaciones.

No estaban solos: en el primer piso de la Casa Rosada buena parte de los funcionarios nacionales y bonaerenses que aprendieron con ella se prepararon para presentarle a él un plan de urbanización y hábitat en las cinco villas más peligrosas de la provincia de Buenos Aires.

El jueves por la tarde en Balcarce 50 volvieron a sacarse una foto, con sonrisa incluida, Mauricio Macri y María Eugenia Vidal. La imagen cobró fuerza política luego de que trascendió mediáticamente el malestar de la mandataria con la Casa Rosada por el ajuste de fondos para 2019.

Entre los suyos, Vidal detesta que se viralicen sus enojos. Atenta a los gestos, la gobernadora intentó mostrarse distendida al lado de su jefe político. Solo en la intimidad define sus relaciones: “Horacio (Rodríguez Larreta) es mi jefe del trabajo y Mauricio (Macri) mi jefe político”. Más aún: es capaz de confesar un segundo Edipo con el Presidente, siempre detrás de su padre (José Luis), el “héroe de su vida”. Acaso por ello no hay ningún tipo de futuro en la vida política de Vidal que no vaya en consonancia con los deseos de Macri. “Prefiero irme a mi casa o poner una ONG”, se la oyó decir.

La historia la avala: desde que ingresó al macrismo jamás tomó una decisión electoral contraria a los deseos del jefe político, no soñó con ser vicejefa de Gobierno en 2011 y muchos menos gobernadora en 2015.

Sin embargo, la bronca existió – y existe – con muchas decisiones del gobierno nacional y, sobre todo, por cómo encaró las distintas crisis que atravesó – y atraviesa– el oficialismo.

La “guita” es, en rigor, $ 19 mil millones del Fondo del Conurbano, que perderá la Provincia en el nuevo reparto de fondos con los gobernadores. La baja de obras públicas para el año que viene es parte de las discusiones que se mudaron a las nuevas oficinas de la Provincia en Retiro.

Parábolas macristas: es un monto similar el que pondrá el Estado para compensar a las empresas energéticas y no aumentar el gas. Pero hay una esperanza oculta en La Plata: que Vidal convenza a Macri y que surja una cifra similar extraordinaria para diciembre, con el Presupuesto 2019 ya aprobado. Pero hoy son conjeturas: la gobernadora se enfrentó de manera ostensible con Nicolás Dujovne (Hacienda) y, por lo bajo, con el jefe de Gabinete, Marcos Peña, por haber pagado buena parte, según cree, del costo del ajuste. “Yo le pongo al cuerpo a la crisis”, rezonga ante sus asesores.

Para Macri hay una parte de la tensión con la gobernadora que no proviene desde La Plata sino que el GPS apunta a la calle Uspallata, donde el jefe de Gobierno porteño tiene su única oficina no móvil. Vidal y Larreta son un binomio inseparable. Lo repiten ambos; el Presidente lo sabe.

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