Un triunfo anunciado, la paritaria docente

A?Ni que fueran bioquémicas!a�?, fue la frase con la que alguien -a quien no conozco- respondiA? a mis opiniones en las redes sociales, por el decreto que anula la paritaria docente. Ni que fueran bioquémicas querA�a decir para ella, ni que fueran personas preparadas, ni que fueran profesionales, ni que fueran personas imprescindibles, ni que fueran los que trabajan de verdad. Pero hay que agregar que la autora de la frase descalificadora no era -ni mucho menos- una partidaria de la alianza gobernante, sino todo lo contrario: la mujer formaba parte de la oposición, o mejor aA?n, de un sector de la oposición que cree a pie juntillas que los docentes en su conjunto se merecen las plagas de Egipto en un combo completo porque, a su criterio, votaron a Macri.

No puedo evitar escribir la acusación mA?s de una vez. Porque no me hiere en absoluto que Macri- a decretazo limpio- haya dado por tierra con el artA�culoA� correspondiente para dejar sin efecto la paritaria nacional. No me duele porque lo esperaba. SabA�a que todos los funcionarios del actual Ministerio de Educación, carentes de formación especA�fica en materia educativa y altamente calificados en medición de procesos sociales y administración de fondos minimizados, buscarA�an la manera de bajarle los humos a todos los docentes del país.

NingA?n maestrito me va a torcer el brazo, habA�a dicho a puertas cerradas la gobernadora, y su frase se habA�a vuelto un secreto a voces: descalificaba toda formación que no fuera la suya, y ponA�a en su lugar a todo el que no hubiera gastado sus horas en estudiar lo que a su criterio realmente importa, el dinero.

Tampoco me habA�a amargado que el gobierno borrara el programa Nuestra Escuela, una iniciativa federal sostenida por el estado nacional para otorgar formación permanente en servicio a los docentes. Sin este programa, los docentes deberA�an comprar cursos pagos para lograr sumar puntaje, A?nica manera de mantener el trabajo, y lograr acrecentar horas de clase. SA�, los profesores de secundario y superior cobramos por hora de clase, lo cual deberA�a alcanzar para dejar de lado el mito de las cuatro horas trabajadas, que denota a��no sA?lo profunda ignorancia del tema- sino ademA?s, desprecio por (otra vez) todo aquel que no ha dedicado su vida a aprender las mA?s diversas maneras de ganar dinero. Y ni siquiera es bioquémico.

Tampoco me sorprendiA? que el Estado nacional pretenda dejar sin efecto la actualización del Incentivo Docente, que viene a completar nuestro salario ya que el bA?sico es bajA�simo. El incentivo deberA�a incrementarse según un A�ndice que estA? sujeto al aumento del combustible. No me sorprendiA? porque sA� que el propA?sito es que ganemos lo menos posible. Ya lo dijo la gobernadora: si no les alcanza el sueldo que trabajen de otra cosa. De haberse calculado como corresponde, el incentivo deberA�a alcanzar unos 5000 por cargo, y no los 1210 que se pagan actualmente. No voy a comparar con lo que gana un bioquémico porque corre riesgo mi estabilidad emocional.

Tampoco me voy a escandalizar porque el texto diga que la escuela pA?blica ya no va a recibir financiamiento del estado para resolver ninguna situación de riesgo social. Y permA�tanme que -por simple decencia ideolA?gica o pudor discursivo- me abstenga de dar precisiones al respecto. SA?lo agregarA� que hace ya mucho tiempo que todas las cosas que emocionan en una escuela son obra de la lucha individual. En el mejor de los casos, de un equipo formado por el mA?s puro azar, donde las personas se ponen de acuerdo para armar roperos escolares, llevar A?tiles desde una escuela privada a la pA?blica, cargar tuppers con comida de sus casas, llamar a amigos que trabajan en otros estamentos del estado para resolver trA?mites que parecen imposibles a los padres sin la mA�nima instrucción, hacer vaquitas para comprar tarjetas de colectivo o pagar un trA?mite de DNI. No, no me sorprende. Tampoco la reforma del Estatuto del Docente, porque es una ley como cualquier otra, y hasta el momento ha quedado demostrado que el status legal de La Norma no es una valla ante tamaA�o proceso de modernización. Ni siquiera es A?bice el CA?digo Penal, asA� que imaginen ustedes.

Para ganar amigos, y una hinchada propia en la opinión pA?blica, las posibilidades de remuneración quedarA?n sujetas al nuevo presentismo. Es previsible, porque los docentes argentinos ya no somos profesionales con tA�tulo universitario o terciario, según la especialización de cada uno. Ya no somos personas que han dedicado su vida al simple y sencillo saber. Ya no somos esos tipos que se levantan toda su vida a las 5 de la maA�ana para comenzar una jornada laboral en una escuela que nunca queda a la vuelta de casa. Ahora somos empleados que necesitan rigor y lA?tigo: vagos, A�oquis, gente que no quiere trabajar y requiere de disciplina. El proceso destituyente de la escuela pA?blica ha llegado al lugar que estaba planeado que llegara.

El A�xito de este proceso de construcción en el imaginario colectivo se debe a varias cuestiones: en primer lugar, a que las inasistencias de un docente se notan muchA�simo mA?s que las de cualquier otro empleado pA?blico, por obvias razones. Ninguno de los opinantes sabe cuA?ntas inasistencias anuales puede tener un empleado del registro civil. Ni de Afip. Ni de Tribunales. A?Sabe usted cuA?ntas veces faltA? el Juez de Faltas?A?Su secretaria? Seguro que no. Ni siquiera sabrA? usted cuA?ntas veces inasistiA? un mA�dico de la sala barrial, hablando de cosas importantes que afectan la vida misma. Pero sA� del docente, que estA? en la mira las 24 horas.

La cuestión es que las faltas de un profesor se multiplican. La razA?n es simple y llana: si para redondear un salario que lo quite de la lA�nea de pobreza, el profesor debe dar clase en una enorme cantidad de escuelas, permanece dos dA�as resfriado y no falta a un sitio, sino a cinco. En esas cinco escuelas, puede haber diez o mA?s cursos que registren la falta de ese mismo profesor, que en realidad se resfriA? dos dA�as. AsA� saca la cuenta la gobernación, cuando habla de las inasistencias. Y cuando las personas toman tres turnos de horas de clase, comienzan a las 7:30 de la maA�ana y terminan a las 22:00, lo mA?s factible es que se enfermen, caigan rendidos, o necesiten faltar cuando no llegan con la corrección. No hay otra.

Pero no hay que desviarse del tema. El profesor que -como en mi caso- invirtiA? muchos aA�os de su vida en la Universidad para conseguir su tA�tulo habilitante, el que se ha dedicado a saber y a enseA�ar, el que ha puesto el compromiso de vida en su proyecto educativo como manera de enfrentar la injusticia a travA�s de lo que considera verdaderamente revolucionario, no puede mostrarse sorprendido por estas acciones. Si realmente se ha formado, las tiene que haber visto venir. Lo demoledor, lo tremendo, lo doloroso es ver el A�xito que la deconstrucción de la figura docente ha tenido con los que no piensan como ellos, sino con los que hasta ayer pensaban como nosotros. Los que ahora creen que tenemos la culpa.

Que lo merecemos por no haber sido lo suficientemente revolucionarios, como si el colectivo a�?los docentesa�? fuera garantA�a de un universo ideolA?gico unificado, cuando apenas es mA?s unA�voco que decir a�?los tA�cnicos agrA�colasa�?, a�?los astrA?nomosa�?, a�?los contactA?logosa�?.

Los docentes son la gente misma. HabrA?n apoyado o negado el nuevo rA�gimen en un porcentaje similar al resto de la población. Tienen menos disculpa porque gozaron de los beneficios de una formación que les quitA? el derecho a la ignorancia, pero nada mA?s.

Yo que me imaginA� que verA�a en las redes montones de posteos de a�?todos somos docentesa�?, a�?je suis un professeura�?, o al menos a�?te acompaA�o en el sentimientoa�?, fui recibida con un rotundo: a�?que se jodana�?. Yo, que ni siquiera soy bioquémica.

Por la Prof. Adriana Derosa, especial para MDPya.com.ar

Foto: La Otra Mirada Sur