Los medios locales y su supervivencia

Todos los dÍas, muchos de nosotros hace el ejercicio de leer, escuchar y ver los contenidos que nos interesan. Con tanta concentración de medios y tecnologías en pocas manos, solemos hacernos un lugar para enterarnos de lo que sucede en nuestra ciudad y los alrededores. En esos medios y en los alternativos

Uno de los temas menos abordados, ya que así conviene hacerlo por los grupos dominantes, y por consiguiente el más preocupante de la transformación radical del ecosistema de medios de comunicación en todo el planeta es la desaparición lenta, sistémica y forzada de los productores y difusores de noticias y eventos locales que, en un escenario de concentración a gran escala de las comunicaciones, dejan de ser asunto de interés de los conglomerados dominantes del sector informativo-comunicacional.

Pensemos por un instante, cerremos los ojos y hagamos el ejercicio: ¿Qué nombre de periodista de investigación viene a la mente en nuestra ciudad o la región en donde vivimos?. Difícil respuesta en donde la investigación no tiene presupuesto y todo se resuelve más fácil con copiar y pegar un artículo, una imagen o leer un contenido que viene de “afuera”.

Nos venden que para atraer a nuestro público debemos ser creativos, originales y diferentes al resto. Y en parte es cierto. ¿Pero como competir contra un bombardeo sistemático de una corporación que tiene lo que nos piden,pero multiplicado por miles?

El 75% de la información que circula en el planeta está en manos de tres cadenas internacionales. Cada vez somos más los que repetimos, con algunos giros idiomáticos y arreglos especiales, lo que nos quieren informar estas corporaciones globales.

El final es inevitable si se dejan la información y la cultura en manos del mercado exclusivamente y si se entrega su funcionamiento a la ley del más fuerte.

La extinción de especies tiende a la progresiva desaparición de la comunicación local en primer lugar y, luego, amenaza la escala regional de los servicios informativos. Por de pronto, a eso apuntan desde los grupos concentrados y sus aliados los gobiernos de turno

Hay dos consecuencias visibles de ello: la pérdida de empleos y la disminución de perspectivas, géneros, pluralidad de voces y puntos de vista en circulación en una sociedad.

Consecuencias que son más dolorosas en ciudades y localidades pequeñas y medianas que en muchos casos ya quedaron sin prensa local y que en la actualidad ven que sus emisoras de radio y tv están al borde del cierre, toda vez que allí la escala económica es inferior a la de los grandes centros urbanos.

Ante semejante escenario no hay más que dos alternativas: la publicidad oficial y repetir como unos loros todo lo que el gobierno de turno desea instalar. O seguir siendo independientes y pelear con los pocos recursos que se tienen para garantizar miradas y perspectivas diferentes.

Pero aquí no se limita lo planteado, ya que ciudades de miles de habitantes también están padeciendo los mismos síntomas.

El contexto normativo de este gobierno alienta la absorción de pequeños emprendimientos por parte de grandes grupos económicos (que no necesariamente están ligados a la información-comunicación) y que en lo político genera un efecto desvastador: desatiende la promoción de la cultura local y regional, con sus usos, costumbres, hábitos y regionalismos, la esperanza de sobrevivir por parte de empresas y actores no dominantes de la Argentina profunda es, si se quiere, casi una utopía.

¿Que hacer?

La respuesta la tiene quién dice tener el gobierno, que no es lo mismo que el poder.

Si en lugar de elegir políticamente un rol de espectador (miro como el más grande se come a todos los más chicos y a ese fenómeno le pongo de título “Son las leyes del mercado”) el Estado formulara políticas activas, rescatara la concepción de que la cultura y la información tienen interés público -no hablamos de nada que no está contemplado en la Constitución Nacional- y que su acceso a la diversidad y pluralidad es imprescindible para la construcción de una sociedad democrática, la realidad hoy, sería diferente.

En ese escenario sería posible aprovechar la potencialidad de las tecnologías digitales para alentar la producción de noticias y entretenimientos en el ámbito local.

La cultura es, además de un espacio de identificación, pertenencia y recreación de valores y sentidos, un sector económico que genera empleo, riqueza y que colabora con la ampliación de las competencias intelectuales más amplias en la sociedad, además de fomentar fuentes laborales y lanzar nuevos profesionales, formados y capacitados, al mercado altamente competitivo que deben enfrentar.

Hace falta asumir que no se trata de un sector librado a la mística mano invisible del mercado sino que, como muchos otros servicios de interés relevante, precisa de apoyos con reglas de juego estables, claras y perdurables en el tiempo.

No se forma un escenógrafo, camarógrafo, locutor, clown o actor en cuatro horas. No es magia. Es política de Estado.

Parte de un nuevo ecosistema de comunicaciones debería estimular la circulación y priorizar los contenidos locales en pos de un compromiso más firme con la perdurabilidad de las comunidades.

Para ello, nuevamente, es necesario que los Estados refuercen la noción de interés público ligada a la cadena de producción y circulación social de información y cultura.

Estas oportunidades no estarán abiertas por siempre ni son excluyentes del panorama argentino, aunque en este caso va de modo directo a las acciones definidas por el gobierno de Mauricio Macri tanto en lo que respecta a su contenido, como también a los métodos de toma de dichas decisiones.

Entregarlo todo, como Gobierno, es una solución a las demandas corporativas del presente, pero al mismo tiempo es una condena a millones de compatriotas que no podrán ver temas diversos, cotejar, analizar, sacar conclusiones.

En definitiva, tener pensamiento crítico. Y esto se logra escuchando varias voces. Y sin pensamiento crítico…seremos corderos que gustosos consumiremos el “Último momento” de alguna cadena info-comunicacional-comercial.

Por ahora, se impone el mercado. Pero nada está definido aún, si somos inteligentes y generamos espacios alternativos conjuntos para intentar equilibrar tan solo un poco la desigual balanza a la que estamos subidos todos: medios y espectadores-lectores.

¿Como? Esa es la tarea del hoy y material para la columna del mañana…