La pesca en Argentina, su impacto económico y el debate por la soberanía alimentaria

El Secretario Gremial de la Federación Universitaria Tecnológica (FUT), Giuliano Falconnat, plantea en esta nota para el portal “Desde el Conocimiento” qué rol ocupa la pesca en el país pensando en la necesidad estratégica de buscar la meta de soberanía y alimentos.

Por Giuliano Falconnat

Desde los orígenes de nuestro país la Pesca ocupa un espacio relegado en la matriz productiva y alimentaria. Sin ir más lejos, si uno mira hoy día el organigrama del Estado se encontrará con que a nivel Ministerial tenemos el “Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca”, como vemos, desde la concepción del poder y las responsabilidades la pesca no parece prioridad para el Gobierno (independientemente de los matices políticos que se han ido sucediendo).

Quizás se preguntarán quienes lean este artículo sobre ¿cuál es la importancia real de este sector en la economía?, ¿por qué debería tener un respaldo mayor o una posición más preponderante?, entonces bien, aclaremos algunas cuestiones:

Según datos oficiales de la Subsecretaría de Pesca de la Nación, durante 2020 en nuestros puertos desembarcaron 790.000 toneladas entre peces, moluscos y crustáceos. El principal puerto pesquero de la Argentina es el de Mar del Plata, el cual concentró más de la mitad del volumen capturado (51,2%) acumulando 404.500 toneladas, seguido por Puerto Madryn que aportó el 15,2% del total de los desembarques.

La industria Pesquera aporta unos 2.000 millones de dólares al año mediante exportaciones, cifra similar a la que aporta la venta al exterior de carne vacuna (3.000 millones al año) y bastante lejos de los volúmenes de divisa extranjera que ingresan gracias al principal commoditie argentino, la soja, que actualmente ronda los 14.000 millones de dólares anuales.

Por cada trabajador a bordo de un buque pesquero se estima que se necesitan 7 trabajadores directos en tierra para procesar la materia prima (tareas de carga/descarga, flete, fileteado, cuereado, despinado, envasado, etc.). Esta cadena de generación de empleo crece a medida que se le asigna mayor valor agregado al pescado (por ejemplo, en procesos de congelado, salado, elaboración de conservas, rebozados, etc.).

En el caso de Mar del Plata, el Puerto (contando la industria pesquera, naval y los servicios derivados) emplea en forma directa a 20.500 personas y de manera indirecta 71.750 trabajadores. Con la puesta en funcionamiento del espigón número 9 (obra anunciada por Fernanda Raverta que se llevará a cabo con dinero del Fondo de Inversión Estratégico) permitirá incorporar 9.800 trabajadores directos y 34.200 indirectos.

El pescado aporta nutrientes esenciales para el correcto funcionamiento del organismo ya que posee proteínas de buena calidad, ácidos grasos del tipo omega-3, vitaminas A y D, fósforo, magnesio, yodo y otros minerales.

Nuestro consumo de pescado per cápita es de 5 kg por habitante, muy bajo si lo comparamos con el promedio mundial que ronda los 20 kg por persona al año, y extremadamente inferior al consumo de carne vacuna que tenemos los argentinos (48 kg). Véase la tabla 1 para más información.

Tabla 1: Consumo per cápita de carnes en la Argentina

TIPO DE CARNE Consumo per cápita (2020) Consumo per cápita (2010)
Vacuna 50,4 kg 58 kg
Pollo 45 kg 35 kg
Cerdo 14 kg 8 kg
Pescado 5 kg 4,5 kg

 

Resulta interesante analizar la variación en el consumo de los diferentes tipos de carne entre los años 2010 y 2020, los cuales evidencian una fuerte caída en carne vacuna y un notable aumento en la compra de pollo y cerdo, mientras que el pescado se mantuvo estable.

Ahora bien, si el pescado posee una composición nutricional tan favorable y nuestro país captura anualmente cantidades abismales de distintas especies, ¿Por qué los argentinos comemos tan poco?

La respuesta se debe a una combinación de factores entre los cuales se destacan: la falta de cultura de consumo de pescado y derivados, el elevado precio de mercado y la intención histórica de imponer el modelo agroexportador, incluso desde las costumbres alimenticias de nuestra sociedad.

En este sentido, podemos tomar nota de algunas medidas y propuestas que tiendan a equilibrar esta situación.

Por un lado, la falta de cultura de consumo debe trabajarse fuertemente desde las Universidades, el sector empresarial pesquero y el Estado. Si bien hay una campaña estatal que se denominó “el 19 de cada mes comemos pescado” aún no genera un impacto considerable, requiere mayor conexión con los sectores gastronómicos y un proceso de adaptación para evaluar su efectividad.

En segundo lugar, el elevado precio de mercado es una realidad que aleja al consumidor a la hora de elegir que proteína poner en su mesa. Cuando uno compara la fuerte caída en el consumo de carne vacuna y su reemplazo por pollo y cerdo, por supuesto se debe en gran medida a la diferencia de precios entre estos productos, sobre todo en los últimos años donde la economía del país sufrió fuertes devaluaciones y el poder adquisitivo se desplomó.

Por último, el eterno debate entre dos Modelos de Estado sigue más vigente que nunca y necesita ser saldado. En una vereda el modelo que nos posiciona como “granero del mundo” y en la otra un modelo de industrialización por sustitución de importaciones, que permitiría mayores niveles de valor agregado que generen más puestos de trabajo y una redistribución de la riqueza más justa.

En tiempos donde el mundo enfrenta una situación socio-económica compleja, aún profundizada por los estragos de la pandemia, nuestra región lejos de ser la excepción presenta niveles de pobreza preocupantes. Esta dura realidad requiere que los dirigentes tengan la voluntad política y la visión estratégica de tomar cartas en el asunto de manera inmediata. Los argentinos y argentinas necesitamos y merecemos un modelo de Estado que suponga un equilibrio entre lo social, lo económico y lo ambiental, donde el sector pesquero debe convertirse en una pieza clave.