El viernes 26 de octubre el Directorio del Fondo Monetario Internacional analizar el nuevo acuerdo Stand By que acordaron las autoridades argentinas con el staff del organismo multilateral.

En principio, se descarta que el Board no tendrá inconvenientes en autorizar el nuevo programa aunque técnicamente y según agenda lo que se analizará es el acuerdo Stand By y las modificaciones -acordadas- que se introdujeron.

Cabe señalar que del primer acuerdo casi ya no queda nada de las metas establecidas habiéndose incluso cambiado la visión del programa ya que se observa un un cambio del esquema monetario y cambiario.

Asimismo, a mediados de septiembre el titular del FMI, Christine Lagarde y el ministro de Hacienda, Nicolás Dujvone desde los Estados Unidos anunciaron que se ampliaba el acuerdo original al que se le sumaron u$s 7.100 millones elevando el total a u$s 57.000 mil millones. También se remplazaba el esquema de metas de inflación y se mantendría el “compromiso” con un régimen de tipo de cambio flexible.

A pesar del anuncio efectuado por Lagarde la aprobación final debe darla el Directorio donde están representados los países miembros. En líneas generales se cree que no habrá inconveniente alguno en su aprobación habida cuenta que los principales países como Estados Unidos, Japón, Alemania, brindaron su apoyo.

Además, el FMI está especialmente comprometido para que este programa funcione y así lo ha demostrado otorgando un préstamo que excede holgadamente excede la cuota establecida.

Asimismo, según comentan los especialistas en el accionar del FMI, se mostró muy flexible en cambiar el acuerdo previo (firmado en su momento por el ex presidente del Banco Central Federico Sturzeneger) en vez de sancionar a la Argentina con un “waiver por incumplimiento de los objetivos.

Anteriormente, el reporte del Article IV del staff de fines de 2016 no preveía graves problemas, tan solo presentaba los obligatorios escenarios riesgosos (downside risks).

Sí se sostenía que el sendero de desinflación del esquema de metas era muy ambicioso y el verdadero motivo de ello era que en el BCRA creían, casi ingenuamente, que ni los aumentos tarifarios ni la depreciación afectaban la tasa de inflación; solamente significaban cambios de precios relativos porque la suba de un precio reduce el ingreso disponible de las familias para gastar en otros bienes lo cual hace que el precio de estos últimos caiga y en promedio no haya suba de precios.

El reporte del staff también incluía con probabilidad relativa una depreciación imprevista de la moneda en cuyo caso la recomendación era la típica: elevar la tasa de interés y ajustar fiscalmente.

Un año después, en el reporte del 1ro de diciembre de 2017, el staff del FMI admitía tensiones y la recomendación fue recalibrar el mix de políticas, que igual seguiría siendo contractivo: acelerar la reducción del déficit fiscal, menores impuestos, pero con disminución de tasas de interés.

Al mismo tiempo el staff advertía que la acumulación de reservas, proveniente principalmente del endeudamiento externo del gobierno, podría debilitar el objetivo de desinflación.

Las autoridades de entonces confirmaban el compromiso de flotación cambiaria. También, y como es costumbre, el staff fomentaba como indispensables a las reformas estructurales: el 28 de diciembre se aprobaba la reforma tributaria.

En resumen, había coincidencias, autoridades y staff compartían prácticamente la misma visión. Mientras tanto, para unos cuantos el nacimiento de todos los males era atribuido al cambio lanzado también ese 28 de diciembre cuando el presidente del BCRA apareció en una conferencia de prensa con el jefe de gabinete y dos ministros lo cual se interpretó como la cesión de independencia del BCRA

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