Reparación en víctimas de violencia sexual

a�?Nunca somos tanto un lugar como en la infanciaa�?

Pascal Quignard

El impacto de lo traumA?tico en la vida de un niA�o o niA�a alude a la dimensión de la violencia que reciben desde lo exterior. Es decir, la existencia de personas que ubicadas en un lugar de poder respecto a ellos/as irrumpen desde ese poder en su psiquismo en construcción y tambiA�n en el desarrollo de la sexualidad.

TambiA�n debemos considerar el efecto individual en sus subjetividades que serA? distinto en cada sujeto pero que bien sabemos tiene consecuencias en muchos casos duraderas y que resultan desestructurantes para el psiquismo.

Y en tercer lugar consideramos una esfera social que nos lleva a pensar qué respuestas se dan desde la comunidad, la justicia y las polA�ticas estatales a quienes fueron vA�ctimas.

Todo esto se enlaza con la idea de reparación. Y la misma es absolutamente necesaria no solo en su dimensión singular-individual sino tambiA�n desde la respuesta de la sociedad y las instituciones.

Los procesos terapA�uticos muchas veces son necesarios para poder transformar la realidad interior. Y en ellos se busca la reparación del dolor y posibilitan un cambio de posicionamiento del lugar de vA�ctima al de sobreviviente.

En las situaciones de abusos sexuales hacia niA�os/as es primordial considerar el paso del tiempo y las resignificaciones que se le dan a los acontecimientos.

Si bien en etapas tempranas de la infancia aA?n la idea de justicia no tiene la misma valoración que la del adulto, los niA�os/as pueden diferenciar entre lo que estA? permitido y lo que no. Y es seguro que pasados los aA�os esa idea se irA? afianzando.

Por lo tanto hay un elemento que no debemos descuidar. Y es el valor que ellos le dan a la palabra, a sus palabras y a sus verdades.

Por todo esto, es necesario que a la reparación individual podamos sumarle la que proviene de las instituciones en las que ellos y sus familias depositan la confianza y que regulan un ordenamiento crucial en la vida de las personas.

El abuso sexual desconoce una ley no solo jurA�dica, sino tambiA�n simbA?lica que pone freno a las posibles intromisiones de los adultos en los cuerpos de la infancia.

En el abuso no hay otra ley que la del abusador. Porque es justamente un delito de poder, de ejercicio de un poder a travA�s del acto abusivo-sexual.

Reparar es recomponer las garantA�as de que esa persona (el abusador) no repetirA? esos actos. Y tambiA�n es dar respuesta a una transgresión que afecta a la sociedad en su conjunto. Es restitución de los derechos de los niA�os/as y esa restitución es lo que se articula con la posibilidad de continuar una vida, que aA?n daA�ada, sea menos dolorosa.

Y eso se logra mediante la validación de la palabra y la recuperación de la confianza en los espacios de protección.

AsA�, entre esa esfera singular e individual en la que ellos/as pueden ir tramitando lo traumA?tico, en ese paralelismo indisoluble entre lo individual y el componente social/jurA�dico es que podemos pensar en las respuestas necesarias para la recomposición.

Siguiendo al escritor francA�s, la infancia es tal vez un lugar en el que somos.

Ser el lugar es reconocerse en los territorios que transitamos y habitamos, inclusive antes de la aparición del lenguaje.

Cuando algo del orden de lo disruptivo sexual transgrede la geografA�a del ser de la infancia es el sitio lo que peligra, la vida misma.

Lo siniestro alojado allA� donde las cosas sucedA�an de otra manera.

Tendremos que retornar entonces al recuerdo de los pasos primeros, al sabor de la tierra, al contacto de las manos con el agua, a la sonoridad de las risas de otros, a la imagen de las hojas que se agitaban por el viento, a los juegos en veredas rotas.

Lugares en los que ser era estar a salvo de la maldad.

 

Patricia Gordon, experta en el tema, exclusivo para MDPya.com.ar